En un duelo cargado de expectativas, los Golden State Warriors lograron imponerse por 125-120 sobre los San Antonio Spurs en el Frost Bank Center, deteniendo una racha de seis partidos sin victoria fuera de casa. La gran figura de la noche fue Steph Curry, quien con 46 puntos volvió a demostrar que, a sus 37 años, sigue siendo decisivo en el escenario más exigente.
Imágenes de Daniel Dunn-Imagn
Los Spurs comenzaron con fuerza, destacando un tramo inicial en el que llegaron a dominar por 16 puntos gracias a la combinación del juego interior de Victor Wembanyama y la energía del joven Stephon Castle. Sin embargo, esa ventaja se diluyó cuando los Warriors ajustaron sus lanzamientos de tres y mejoraron su línea de tiros libres, aspectos clave en la remontada.
Wembanyama sumó un triple-doble con 31 puntos, 15 rebotes y 10 asistencias, mientras que Castle logró su primer triple-doble de por vida con 23 puntos, 10 rebotes y 10 asistencias. En una estadística casi imposible, ambos jugadores de los Spurs lograron triple-doble en el mismo partido —algo que no había ocurrido con victoria en la historia de la NBA— y aun así su equipo cayó.
La remontada de los Warriors fue liderada por Curry, quien anotó 22 puntos solo en el tercer cuarto y sentenció el partido con varios triples decisivos. Otro factor que cambió el ritmo fue la nueva alineación titular del equipo de Golden State: la incorporación de Moses Moody y Will Richard aportó mayor espacio ofensivo y ayudó a romper la inercia negativa.
Para los Spurs, esta derrota representa la primera en casa de la temporada, y plantea interrogantes sobre la capacidad de cerrar partidos en los que luchan desde el inicio. Mientras tanto, los Warriors logran un respiro y una señal de que pueden competir a pesar de sus recientes tropiezos de visitante. De cara al próximo enfrentamiento entre ambos equipos —que llegará en breve— el ánimo y la confianza de Golden State reciben un impulso importante.



