Información verificada al 27 de julio de 2026.
República Dominicana redujo la prevalencia de la subalimentación a menos del 2.5 % de su población, el umbral que utiliza la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para clasificar a un país fuera de su mapa del hambre.
El resultado, incorporado en la edición 2026 del informe sobre el estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, representa un avance relevante. Sin embargo, no significa que el hambre haya desaparecido por completo, que todas las familias puedan pagar una dieta saludable ni que hayan sido resueltos los demás problemas de malnutrición.
Entender esa diferencia permite valorar el logro sin convertir un indicador estadístico en una afirmación absoluta sobre las condiciones de todos los hogares dominicanos.
Qué confirmó la FAO sobre República Dominicana
El director general de la FAO, Qu Dongyu, informó que República Dominicana se situó por debajo del 2.5 % de prevalencia de subalimentación. Con ese resultado, el país deja de figurar entre los territorios clasificados dentro del mapa mundial del hambre.
La información fue comunicada durante la presentación del informe SOFI 2026 y divulgada por la Dirección de Prensa del Presidente. El dato procede de la FAO, aunque varias de las explicaciones sobre las causas del avance y los programas gubernamentales incluidas en esa publicación corresponden a declaraciones del Poder Ejecutivo.
La actualización representa un cambio frente a reportes anteriores. A comienzos de 2026, la FAO ubicaba a República Dominicana por debajo del 5 % y entre los países encaminados a alcanzar la meta de Hambre Cero para 2030. El nuevo informe incorpora estimaciones actualizadas que sitúan el indicador por debajo del límite internacional.
Qué mide el umbral del 2.5 %
La FAO utiliza la prevalencia de la subalimentación, conocida como PoU por sus siglas en inglés, para estimar la proporción de personas que no logra consumir durante un período prolongado la energía alimentaria mínima necesaria para llevar una vida activa y saludable.
De acuerdo con la definición oficial del indicador 2.1.1, la subalimentación se refiere a una insuficiencia habitual de energía alimentaria durante al menos un año. Por tanto, no mide una dificultad ocasional para comprar alimentos ni una reducción temporal de la calidad de la dieta.
Las estimaciones nacionales se presentan normalmente como promedios móviles de tres años para reducir el efecto de variaciones de corto plazo y de la incertidumbre estadística. Cuando el resultado es inferior al 2.5 %, la FAO lo reporta con la expresión "<2.5″ en lugar de ofrecer una cifra más pequeña y aparentemente exacta.
Eso significa que el dato no permite concluir si la prevalencia es 2.4 %, 1.8 % o cualquier otro valor inferior. Solo confirma que la estimación se encuentra por debajo del umbral utilizado internacionalmente.
Por qué Hambre Cero no significa cero personas con dificultades
La expresión "Hambre Cero" puede dar la impresión de que ningún habitante enfrenta carencias alimentarias. Esa no es la interpretación técnica del indicador.
Una prevalencia inferior al 2.5 % todavía puede incluir personas que no consumen suficientes alimentos. Además, el promedio nacional puede ocultar diferencias entre provincias, zonas rurales y urbanas, grupos de ingreso, edades o tipos de hogares.
El indicador tampoco mide por sí solo si la dieta es variada, nutritiva y saludable. Una persona puede alcanzar las calorías mínimas y, al mismo tiempo, consumir alimentos de baja calidad nutricional o tener dificultades económicas para mantener una dieta adecuada.
Por esa razón, la propia FAO utiliza otros indicadores complementarios, como la inseguridad alimentaria moderada o grave, el costo y la asequibilidad de una dieta saludable, la desnutrición infantil, la anemia, el sobrepeso y la obesidad.
El SOFI 2026 advierte que, aunque el hambre mundial disminuyó, alrededor de 2,100 millones de personas experimentaron inseguridad alimentaria moderada o grave en 2025. La diferencia entre ambos indicadores demuestra por qué salir del mapa del hambre no equivale a resolver todas las formas de inseguridad alimentaria.
Qué factores atribuye el Gobierno al resultado
El Gobierno dominicano atribuye el avance a una combinación de producción agropecuaria, protección social, alimentación escolar y coordinación institucional.
Según las cifras presentadas por el ministro de la Presidencia, José Ignacio Paliza, el Programa de Alimentación Escolar atiende diariamente a 2.1 millones de estudiantes. El programa Aliméntate alcanza 1,490,000 hogares y los Comedores Económicos distribuyen unas 180,000 raciones diarias.
La misma comunicación oficial indica que la producción agropecuaria llegó a 347 millones de quintales en 2025, un crecimiento de 5.6 % respecto al año anterior. El Ejecutivo relaciona ese desempeño con financiamiento agrícola, tecnificación del riego, titulación de terrenos y compras públicas a productores locales.
Estas cifras permiten identificar políticas que podrían haber contribuido a mejorar la disponibilidad y el acceso a los alimentos. No obstante, el comunicado no presenta una evaluación que determine cuánto aportó individualmente cada programa a la reducción de la subalimentación.
El resultado de la FAO valida la evolución general del indicador, pero no constituye por sí solo una auditoría del desempeño o de la eficiencia de cada iniciativa gubernamental.
Los problemas alimentarios que todavía permanecen
El siguiente reto es mantener el indicador por debajo del 2.5 % y, al mismo tiempo, reducir formas de inseguridad alimentaria que no quedan reflejadas completamente en la medición de subalimentación crónica.
El precio de los alimentos continúa siendo determinante. Un hogar puede consumir suficientes calorías gracias a productos de menor costo y aun así no tener capacidad para adquirir regularmente frutas, vegetales, proteínas y otros alimentos necesarios para una dieta equilibrada.
También deben vigilarse las diferencias territoriales y sociales. Los promedios nacionales pueden mejorar mientras determinados hogares rurales, familias en pobreza extrema, trabajadores informales o comunidades expuestas a fenómenos climáticos mantienen mayores dificultades de acceso.
El cambio climático representa otro riesgo. Sequías, inundaciones y tormentas pueden afectar cosechas, elevar costos de producción y reducir la disponibilidad de alimentos. La dependencia de insumos importados y las variaciones internacionales de precios también pueden trasladarse a los consumidores dominicanos.
A esos desafíos se suman otras formas de malnutrición. La lucha contra el hambre debe coexistir con políticas para prevenir anemia, retraso del crecimiento infantil, sobrepeso, obesidad y enfermedades relacionadas con dietas poco saludables.
Cómo comprobar que el avance sea sostenible
Salir del mapa del hambre es un hito estadístico importante, pero su sostenibilidad tendrá que confirmarse en las próximas ediciones de la FAO.
Además de la prevalencia de subalimentación, conviene observar la proporción de hogares con inseguridad alimentaria moderada o grave, el costo de la dieta saludable, la evolución de los precios de los alimentos y los indicadores nutricionales de niños y adultos.
También será necesario conocer con mayor detalle dónde permanecen las brechas. La publicación de información desagregada por territorio, sexo, edad y nivel de ingreso ayudaría a orientar los programas hacia las personas que todavía enfrentan mayores riesgos.
El presidente Luis Abinader reconoció durante el anuncio que salir de la condición de hambre no significa que la tarea haya terminado. Esa precisión debe acompañar la comunicación pública del logro.
República Dominicana puede celebrar haber cruzado el umbral utilizado por la FAO, pero el objetivo de fondo es más amplio: que el acceso continuo a alimentos suficientes, nutritivos y asequibles sea una realidad comprobable para todas las familias y pueda mantenerse incluso frente a crisis económicas, climáticas o productivas.

